Un pueblo bien educado e informado ayuda a la lucha contra la corrupcion, por eso es muy importante combatir la evasion tributaria para contar con los recursos economicos necesarios para implementar un buen sistema educativo en ves de solo de hablar de INCLUSION
Un espacio donde se compila noticias de corrupcion, sus causas o sus efectos. Hay que ver siempre mas haya de lo evidente para comprender la realidad.
viernes, 18 de mayo de 2012
El derecho a la educación y a la información
Un pueblo bien educado e informado ayuda a la lucha contra la corrupcion, por eso es muy importante combatir la evasion tributaria para contar con los recursos economicos necesarios para implementar un buen sistema educativo en ves de solo de hablar de INCLUSION
miércoles, 16 de mayo de 2012
BID convoca a propuestas de estudios que midan los costos del crimen y la violencia en América Latina y el Caribe
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) convoca a presentar propuestas de investigación para la medición de los costos que generan el crimen y la violencia en América Latina y el Caribe. La fecha límite para enviar propuestas es el 15 de junio de 2012.
El crimen y la violencia constituyen uno de los principales problemas que afligen a los ciudadanos de América Latina y el Caribe y al que los gobiernos destinan innumerables esfuerzos y recursos. Además estos problemasinhiben el crecimiento económico y el desarrollo social de los países, ya que inciden negativamente en el clima de negocios y perjudican el bienestar de los ciudadanos, sobre todo los grupos más vulnerables de la sociedad.
Esta convocatoria es un esfuerzo para dimensionar las consecuencias negativas de este fenómeno, informar el debate de política pública y proveer instrumentos de análisis sistemático y robusto para las políticas de seguridad ciudadana impulsadas por los gobiernos.
El BID busca propuestas que se concentren en el estudio de los costos, ya sean intangibles o tangibles, del crimen y la violencia en uno o más países prestatarios del Banco en la región. Los costos tangibles incluyen, por ejemplo, las inversiones realizadas por personas y comunidades para evitar ser víctimas del crimen y la violencia, así como los gastos en actividades para identificar y procesar a los delincuentes. Algunos de los costos intangibles que se podrían evaluar son la pérdida del capital social, del bienestar, la tranquilidad, la libertad y la confianza.
Cada propuesta de investigación seleccionada recibirá apoyo financiero por parte del BID de hasta US$35.000. Aquellos proyectos que cuenten con fondos adicionales de otras instituciones para complementar este financiamiento recibirán especial consideración.
Las propuestas deberán presentarse antes del 15 de junio de 2012 (COB 18:00 EST EE.UU.) a la siguiente dirección de correo electrónico: CostosCrimenViolencia@iadb.org. Para más detalles sobre la convocatoria visite Costos-Crimen-Violencia.
domingo, 13 de mayo de 2012
el CEO de Yahoo Scott Thompson abandonó su puesto
Nueva York (DPA). Después de haber
ocupado tan solo cuatro meses el cargo, el CEO de Yahoo Scott
Thompson abandonó hoy su puesto en la compañía por haber indicado en su
currículum que tenía un título informático que nunca obtuvo.
Según indica un comunicado de prensa emitido por la
empresa, Thompson será reemplazado por Ross Levinsohn, actualmente a cargo de la
sección de medios de Yahoo, si bien únicamente en forma temporal. El cambio aún
debería ser aprobado por el consejo administrativo.
Yahoo no precisó cuál era el motivo de la rescisión. Simplemente apuntó que
Thompson “abandonó la compañía”.
La caída del CEO había sido predicha por varios medios después de que
Thompson pasara a estar en el centro de las críticas de uno de los grandes
accionistas de la empresa, Daniel Loeb, que apuntó que el CEO, en su curriculum,
decía haber adquirido un título académico que no posee.
Tras la batalla de poder ganada a favor de Loeb, en el consejo administrativo
también se producirán cambios: entre otros, su director Roy Bostock entregará el
puesto a Fred Amoroso, y el gran accionista Loeb, que controla un 5,8 por ciento
de las acciones, hará ingreso en el organismo con dos allegados, con lo que en
el futuro tendrá mayor peso en las decisiones de la empresa.
Esta es la segunda salida poco decorosa de un alto miembro de Yahoo en pocos
meses. Thompson asumió el cargo hacia comienzos de año después de que su
antecesora, Carol Bartz, fuese despedida por no haber logrado apuntalar los
niveles de facturación.
Yahoo está sufriendo la dura competencia de empresas como Google y Facebook
en la adquisición de publicidad online.
sábado, 12 de mayo de 2012
Ni que fuéramos abogados
Ni que fuéramos abogados
Es uno de los momentos más inolvidables de la primera parte de 'El Padrino', un trozo de diálogo escrito hace más de 40 años y que sin embargo reluce como si acabara de pasar de la mente al papel. El capo Barzini, que negocia con sus pares, incluido Vito Corleone, un armisticio que todos (Barzini y Corleone los primeros) saben que no respetarán, les dice: «Look, we are all reasonable men here; we don’t have to give assurances as if we were lawyers». O lo que es lo mismo: «Miren, todos los que estamos aquí somos hombres razonables; no tenemos que dar garantías, como si fuéramos abogados». Parece un chiste. No lo es.
Todos ellos son, en efecto, hombres razonables que no dan garantías, y que aceptan que no se las den, porque saben que llegado el momento sus asuntos se dirimirán de la forma más clara y definitiva, la que ahorra todas las negociaciones y les exime de perder el tiempo creyendo en la buena fe de nadie: por la fuerza, que es la que hace que prevalezcan unos y perezcan otros, al margen de la razón que le asista o le deje de asistir a cada cual. Eso que tratan de encubrir los abogados con sus contratos y sus leyes y sus costosas facturas, tan prescindibles y aun repugnantes para los hombres de honor.
La grandeza de la trilogía de Coppola está en mostrar en toda su desnudez, a través de la saga de un clan mafioso italoamericano, cómo al final, en los asuntos humanos, casi todo es cuestión de interés y poder. Nadie, o casi nadie, obra de otro modo que para procurar o preservar lo que le interesa; nadie, o casi nadie, sale adelante en el conflicto que la búsqueda de intereses contrapuestos hace inevitable, sino acertando a ser más brutal y más astuto que el que tiene enfrente.
Tan inexorable es esta partida que el pobre Michael Corleone, verdadera columna vertebral de la serie, se la pasa entera tratando de conectar con lo mejor y más noble que tiene dentro para, una y otra vez, ver cómo se impone su ser más oscuro. El que lo convierte en pistolero en la primera parte, en fratricida en la segunda y en fallido magnate de los negocios legales que retorna al hampa y la carnicería (delegada en los más jóvenes por falta ya de empuje propio) en la tercera.
Puede pensarse que la trilogía de Coppola transmite una visión, más que pesimista, fatalista del alma humana. Y en cierto modo así es: dondequiera que no llegue la justicia, dondequiera que no se cultive la difícil (y para muchos innecesaria) solidaridad entre las personas. Los Corleone, en el fondo, son víctimas del círculo de opresión, iniquidad y miseria moral del que no logran salir en el largo periplo desde su pueblecito siciliano hasta la opulencia neoyorquina y casi planetaria. Vito hereda, y transmite, el miedo y el odio al amo sin escrúpulos, que no deja más salida que someterse a él y recibir su salario y sus latigazos, según sople el aire, o tratar de convertirse en otro amo sin escrúpulos que pueda plantar cara a quien quiera someterle. En este arte se doctora en el suburbio neoyorquino que lo acoge como inmigrante, así vive su vida y ésa es la escuela en la que adoctrina a sus descendientes.
Pero ante todo, 'El Padrino', en sus tres partes, es una película, y sufre, significativamente, los avatares que le impone su condición. Y es que en el cine nadie, para bien y para mal, es más que el actor que le da vida. Vuela a gran altura en la primera parte, donde Michael Corleone (o mejor digamos Al Pacino) se apoya en el carisma de ese Vito Corleone al que traspasa su tenebrosa apostura Marlon Brando. Alcanza cotas sublimes en la segunda parte, por la fuerza superior de su argumento pero también por su diálogo a través del tiempo con ese taciturno y remoto Robert de Niro que encarna a la perfección la pulsión de supervivencia y venganza del joven Vito. Y se hunde a plomo (aun permaneciendo muy por encima del promedio, para eso está Coppola tras la cámara) en la tercera, donde la oscura magia de los Corleone se disuelve en la estolidez de Vincent Corleone (Andy García) y la inexpresividad de la hija de Michael (la por lo demás notable realizadora Sofia Coppola).
Este pequeño desfallecimiento final no le resta, empero, lustre a la trilogía. Vuelvan a verla, y volverá a estremecerles, si la vieron antes, o les sacudirá, si es la primera vez. Se lo dice uno que acaba de hacer el ejercicio, y que a su luz (pese a llevar un carné de abogado en la cartera, o quizá justamente por eso) relee de otro modo lo que estamos viviendo ahora mismo. Suscitar eso es privilegio reservado a los clásicos.
* LORENZO SILVA es escritor, premio Nadal en el año 2000 ('El alquimista impaciente') y padre de Bevilacqua y Chamorro, la pareja de guardias civiles más famosa de la Literatura española. 'Niños feroces' (2011) es su última novela.
viernes, 11 de mayo de 2012
El desorden y el caos administrativo
Es el mejor aliado de la impunidad en la administración pública, sumado a la inestabilidad de la gestión hace que en muy poco tiempo todo quede en el olvido y que los corruptos creen redes de poder interno en las instituciones.
domingo, 3 de julio de 2011
Organos Humanos a la Carta
Tras seis años infiltrado en las redes ilegales, el periodista norteamericano Scott Cagney publica un espeluznante relato sobre el tráfico de personas.
Se oye hablar a menudo de oscuros traficantes de órganos, de niños o incluso de adultos que desaparecen en plena calle para que sus riñones o su hígado reaparezcan «mágicamente» en otro cuerpo al otro lado del mundo. Parecen historias de terror pensadas para hacer subir la adrenalina y luego volverlas a aparcar en el cajón de lo excepcional o directamente fantástico. Hasta ahora y hasta aquí. Un periodista norteamericano, Scott Cagney, ha dedicado seis años de su vida a investigar «the red market», el mercado rojo. Y ha llegado a conclusiones espeluznantes.
Prácticamente cada parte del cuerpo humano tiene un precio, que oscila enormemente de un mercado a otro. Una pinta (473 mililitros) de sangre se paga a 25 dólares en la India, pero puede alcanzar los 337 dólares en Estados Unidos. Entonces en la India han salido «emprendedores» que, no satisfechos con revender cara la sangre que compran barata, tratan de aumentar todavía más el margen de beneficio obteniéndola gratis. ¿Cómo? Pues en siniestras «granjas de sangre» donde mantienen a gente cautiva durante años «sangrándola» —como si la ordeñaran— entre una y tres veces a la semana. Los candidatos a alimentar estas granjas a veces han accedido a ello porque viven en la miseria y en la mayor desesperación. Otras veces han sido simplemente secuestrados en una parada de autobús.
En Estados Unidos se llegan a pagar 24.400 dólares por la implantación de córneas que pueden obtenerse legalmente a través de donaciones voluntarias —de hecho EE.UU. las exporta— o ilegalmente. En 2001 un cirujano chino declaró ante el Congreso estadounidense que él personalmente había vendido cientos de córneas, junto con riñones y muestras de piel, de prisioneros ejecutados en su país.
Los paraísos del trasplante
Obtener legalmente un trasplante de corazón puede suponer un dispendio cercano al millón de dólares y soportar una angustiosa lista de espera para acceder al órgano en sí. Ilegalmente hay quien lo consigue por 119.000 dólares. Nuevamente, el mayor suministro parece proceder de prisioneros chinos ejecutados. Lo mismo para las donaciones ilegales de hígados, que pueden resolverse por unos 157.000 dólares. Pero como se puede donar una parte del hígado y seguir viviendo, aquí los ejecutados chinos «compiten» con personas extremadamente miserables en la India y en Filipinas, que unas veces más voluntariamente, otras menos, entran en este mercado.
¿Y qué pasa con la donación estrella, los riñones? En Estados Unidos o en Europa las listas de espera se prolongan por años y años. Pero el mercado rojo internacional es floreciente y, una vez más, extremadamente competitivo: un riñón nuevo cuesta 62.000 dólares en China pero «solo» 15.000 en la India. Se abren a su vez mercados emergentes en Indonesia, Pakistán y Kosovo, donde en 2008 empezó a funcionar una red de tráfico de este tipo de órganos investigada de cerca por Scott Cagney.
¿Y no es enormemente peligroso investigar esto? Cagney, que cuando hablamos con él se muestra amable sin dejar de dárselas de tipo duro (¿una mezcla de periodista y de Indiana Jones?) le quita hierro al asunto, lo cual dice mucho en su favor. «He sentido más miedo cuando investigaba otras cosas, como los niños raptados por la mafia», asegura. Y es verdad que lo que más sorprende de su libro es lo inmensamente cerca que llega a su objetivo. No solo muestra fotos de las víctimas sino de sus verdugos. A veces vemos a cara descubierta al personal sanitario que realiza, o mejor sería decir que perpetra, algunas de las extracciones de órganos que luego se venderán por ahí al mejor postor. «Muchos de ellos no pertenecen a las mafias y además no tienen la sensación de estar haciendo nada malo; al contrario, incluso piensan que hacen una buena cosa, que ayudan a salvar vidas», nos comenta Cagney, entre endurecido y perplejo.
Antes de horrorizarnos porque esas personas piensen así, tal vez habría que preguntarse hasta qué punto no pensamos así nosotros mismos. Hasta qué punto todo este tráfico no se origina en nuestra aberrante ilusión de normalidad. Ni sé cómo, hablando con Cagney, me he descubierto preguntándole: «Pero, ¿qué haría usted si una persona muy querida, su mujer o su hijo, necesitara desesperadamente un órgano, y ésta fuese la única manera de conseguirlo?». Silencio profundo. Sin duda porque acabo de colocarle la pregunta del millón de dólares, pienso satisfecha.
La respuesta del millón y medio
Pero hete aquí que, cuando menos me lo espero, me salta a la cara la respuesta del millón y medio: «Su pregunta parte de una premisa falsa, ¿no se da cuenta? ¿No se da cuenta de que para preguntar eso hay que considerar una opción viable, aunque sea extrema, la de disponer del cuerpo de una persona en beneficio de otra?». Touchée. Es verdad. Es como si le hubiéramos preguntado a cuánta gente estaría dispuesto a asesinar para salvar a un ser querido.
Rápidamente Cagney nos rescata de nuestra culpabilidad y nuestra angustia haciéndonos ver que medio mundo conspira en la sombra para «ayudarnos» a ver las cosas así. A pensar en estos términos utilitarios de otros seres humanos. Por un lado tenemos avances médicos que han multiplicado—-aunque no para todos— la esperanza de vida y las posibilidades de curar muchas cosas que hasta hace poco no tenían remedio. Por otro lado tenemos millones de personas sumidas en la pobreza y el oscurantismo e incluso en culturas donde la vida humana individual tiene un valor relativo si se compara con el que tiene en Occidente. En el momento en que la oferta y la demanda coinciden, cierta ecuación monstruosa empieza a tomar forma.
Es una monstruosidad bilateral. Por un lado están los donantes a la fuerza, por otro lado los receptores de unos órganos que, dado su turbio origen, nadie puede garantizar que estén en perfecto estado de revista. Al proceder de personas desnutridas, desvalidas y con los lógicos problemas de salud asociados a estas condiciones, puede pasar cualquier cosa. Este ha sido a veces el argumento para oponerse a que personas que cumplen condena en Estados Unidos «compren» su libertad donando órganos, como ocurrió bastante recientemente: dos hermanas con una larga condena por robo fueron indultadas a cambio de que una donara un riñón a la otra, liberando así al estado de costosas facturas por su tratamiento de diálisis.
Los tentáculos del mercado rojo son variados, son enormes y a veces parecen o incluso son inocentes. No todo es arrancar sangre o hígados por la fuerza. Por ejemplo las favorecedoras extensiones de pelo humano con que muchas nos hemos adornado alguna vez —quien esto firma adquirió unos mechones en 2002 en Estados Unidos por alrededor de 200 dólares— proceden en muchos casos de donaciones a un templo hinduista en el sur de la India, regido por una deidad que en teoría destruye los pecados de los creyentes que le hacen ofrendas. Entonces resulta que una joven india se corta la melena para agradar a su dios, y esa melena acaba en una inconsciente cabecita occidental. Y alguien que está en medio se embolsa al cabo del año unos cuantos miles o incluso millones de dólares.
Mayor transparencia
Este es sólo un ejemplo, relativamente inocuo, aunque no del todo, de la colosal ignorancia en que se funda todo el invento. ¿Seguiríamos comprando extensiones de pelo si conociéramos con precisión su origen y su historia? ¿O pagando a madres de alquiler si supiéramos cómo y por qué y en qué condiciones llegan a serlo? ¿O adoptando niños sin preguntar de dónde salen? ¿O adquiriendo óvulos para tratamientos de fertilidad donados por inmigrantes sin papeles? ¿O dando por hecho que no hace ninguna falta donar sangre, porque, total, seguro que cuando nosotros la necesitemos el hospital ya la sacará de algún sitio?
«La transparencia es la clave para atajar los abusos, es la única salvaguarda posible», afirma Scott Cagney, categórico. Empezar por saber de dónde proceden los órganos o funciones corporales parece esencial para poner orden en los mercados, en los rojos, en los negros o incluso en los blancos.
Y es que en los mismos circuitos legales ha habido controversia sobre si es mejor pagar por las donaciones o fiarlo todo al altruismo. Ambas opciones han demostrado tener inconvenientes, lo cual lleva a menudo a tirar por el camino de en medio, no siempre con mala intención o con afán de lucro. Por ejemplo en Estados Unidos hace tiempo que funciona una red de donaciones voluntarias alternativas a la red oficial y a sus desesperantes, a veces criminales, listas de espera. Ciudadanos que un buen día deciden donar un riñón a un desconocido porque sí. Mientras no acepten dinero a cambio, es perfectamente legal.
Otra cosa es cómo se engrana eso en una industria sanitaria donde, aunque el órgano pueda ser gratis por ley, no lo es nada de lo que le rodea: ni la conservación, ni el trasplante en sí, ni mucho menos la atención necesaria para recuperarse después de donar. «En el momento en que entra el dinero en juego, todo se corrompe o puede corromperse», sentencia Cagney.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






